¿Cómo debería reformarse el MINSA para que las políticas de salud sobrevivan a los cambios de gobierno? 

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La fragmentación del sistema, la alta rotación política y la débil rectoría han convertido a la salud pública en un terreno inestable. Expertos plantean una reforma estructural para garantizar continuidad, eficiencia y resultados más allá de cada gestión. 

El sistema de salud peruano atraviesa un escenario cada vez más crítico. Las brechas de acceso, la falta de medicamentos, la saturación de servicios y el incremento del gasto de bolsillo de las familias evidencian un problema estructural que no se ha corregido con el aumento del presupuesto público. 

De acuerdo con estimaciones de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho), el gasto de bolsillo en salud acumulado entre 2019 y 2025 superó los S/92, 169 millones, de los cuales más del 75% fue asumido por asegurados del SIS y EsSalud. 

Este escenario, según especialistas, no responde únicamente a falta de recursos, sino a fallas en la organización, gestión y conducción del sistema. 

Un MINSA que se distrae en la operación diaria 

Uno de los principales cuestionamientos apunta al rol del Ministerio de Salud como ente rector. Para César Amaro, investigador principal de Videnza Consultores y exdirector de DIGEMID, el problema de fondo es que el MINSA ha perdido foco estratégico. Según sostiene, “el sistema de salud requiere de un rector a tiempo completo. El MINSA debe concentrarse en su rol: conducir el sistema, tener fuerte poder regulador y capacidad de supervisión”.  

El especialista advierte que, en la práctica, el ministerio combina su función normativa con tareas operativas a través de instancias como las DIRIS, lo que lo aleja de su función principal.  

“Se distrae en labores operativas de contratación de personal, compra de medicinas, equipos y mantenimiento. Eso no es su trabajo. Su trabajo es hacer funcionar el sistema, regularlo y supervisar qué está ocurriendo”, señaló Amaro. 

Para el investigador, esta mezcla de roles no solo reduce la eficiencia del Estado, sino que abre riesgos en el manejo del presupuesto público. 

De la gestión de insumos a la gestión de resultados 

Amaro plantea además un cambio de enfoque: pasar de una lógica centrada en infraestructura y oferta estatal a una basada en resultados y demanda. 

Esto implica, por ejemplo, medir indicadores concretos como tiempos de atención, entrega completa de recetas o acceso oportuno a procedimientos médicos. “Medir resultados es clave: receta completa entregada, procedimiento realizado en el tiempo indicado, atención con oportunidad. Eso obliga al sistema a ordenarse”, indicó. 

En esa línea, propone mayor flexibilidad para articular con el sector privado cuando el sistema público no logra responder a la demanda, bajo esquemas de contratación transparentes y con metas claras. 

Meritocracia y gestión: el otro gran problema estructural 

Más allá del diseño institucional, otro eje crítico es la gestión del talento humano en el sector público. Para Hernán Ramos, gerente general de la Asociación de Clínicas Particulares del Perú, la ausencia de meritocracia ha deteriorado la calidad del sistema. 

El especialista advirtió que la politización de cargos tiene consecuencias directas sobre la salud de la población. “No tener meritocracia y no tener institucionalidad cuesta vidas. Se traduce en cánceres no diagnosticados a tiempo, pacientes que no son operados y muertes evitables”, señaló. 

Ramos cuestionó además la lógica de designaciones en el Estado, donde — según afirma—, los criterios técnicos muchas veces son desplazados por decisiones políticas. “El Estado es considerado como un botín”, advirtió. 

El especialista también alertó sobre problemas en la ejecución del gasto público, donde no siempre el aumento presupuestal se traduce en mejores servicios para la población. 

Un sistema fragmentado en tres niveles de decisión 

Desde la perspectiva de gestión, Ramos explica que el sistema sanitario opera en tres niveles; operativo, táctico y estratégico. 

En el nivel operativo se encuentran los profesionales de salud que atienden directamente a los pacientes; en el táctico, los directores de hospitales y jefes de servicio encargados de organizar recursos; y en el estratégico, las autoridades que definen políticas y planificación. 

El problema, según advierte, es la falta de articulación entre estos niveles, lo que genera ineficiencias en cadena: desde compras tardías hasta falta de equipos en salas de cirugía. 

El reto de reformar el MINSA para que no dependa del ciclo político 

Los expertos coinciden en que la reforma del Ministerio de Salud no puede limitarse a ajustes administrativos, sino que debe replantear su rol como ente rector. 

Esto implica fortalecer su capacidad de regulación, separar claramente funciones operativas y estratégicas, profesionalizar la gestión pública bajo criterios de meritocracia y medir el desempeño en función de resultados sanitarios reales. 

Para Midori de Habich, exministra de Salud, la continuidad de las políticas sanitarias también pasa por resolver un problema recurrente: la inestabilidad en el liderazgo del sector. Durante una reciente entrevista para el podcast Asuntos Públicos de IBT Group, advirtió que resulta difícil consolidar reformas cuando las máximas autoridades cambian constantemente. “Nada es posible si te cambian de jefe cada seis meses. Ese es un problema fundamental”, afirmó. 

La exministra considera que reducir la alta rotación de ministros es una condición básica para garantizar que las políticas de salud puedan ejecutarse y evaluarse en horizontes de mediano y largo plazo. 

En paralelo, los datos muestran que el problema no es solo de financiamiento, sino de cómo se ejecuta el gasto. Según cifras del Ministerio de Economía y Finanzas citadas por ComexPerú, el presupuesto en salud aumentó de S/18,502 millones en 2019 a S/32,304 millones en 2025, pero una parte significativa se destinó a planillas, sin mejoras equivalentes en servicios. 

Tecnología y gestión: dos reformas pendientes 

Además de fortalecer la rectoría y la meritocracia, los especialistas coinciden en que el sistema necesita modernizar su capacidad de gestión. 

De Habich señaló que una de las prioridades debería ser avanzar hacia sistemas de información interoperables que permitan compartir información clínica entre establecimientos —sean públicos o privados — y niveles de atención. 

Según explicó, una historia clínica electrónica interoperable facilitaría la continuidad de los tratamientos, reduciría duplicidades y mejoraría la toma de decisiones dentro del sistema. 

La exministra también indicó que el desabastecimiento de medicamentos constituye uno de los problemas más urgentes para la población.  

“La escasez de medicamentos que sufren las personas es desalentadora. Es un vacío que el paciente tiene que cubrir de gasto de bolsillo y además proyecta esta imagen de que el Estado no puede ni siquiera comprar y distribuir medicamentos”, señaló. 

Lecciones internacionales: eficiencia, continuidad y resultados 

Países como Japón han demostrado que la sostenibilidad de sus sistemas de salud no depende de los cambios de gobierno, sino de instituciones sólidas, reglas estables y una gestión orientada a resultados. 

El sistema japonés se caracteriza por una fuerte rectoría estatal, estándares clínicos homogéneos, control estricto de costos y una articulación eficiente entre sector público y privado. Además, la planificación sanitaria se mantiene estable en el tiempo, independientemente del ciclo político. 

La experiencia internacional también muestra que la colaboración entre el sector público y privado puede desempeñar un papel importante para ampliar la capacidad de respuesta de los sistemas sanitarios.  

“En otros países la relación público-privada es mucho más fluida. No hay tantas barreras de desconfianza como las que tenemos nosotros”, sostuvo De Habich durante el podcast de IBT. 

La también economista considera que mecanismos como las asociaciones público-privadas (APP) pueden contribuir a cerrar brechas de infraestructura y gestión, aunque advierte que deben responder a una estrategia sanitaria previamente definida. “Las APP son un instrumento (…) pero antes que cualquier cosa tenemos que definir qué queremos”, remarcó. 

Otras referencias en países europeos muestran que la clave está en separar la política de la gestión operativa, profesionalizar la función pública y garantizar sistemas de evaluaciones permanentes. 

Hacia un sistema que sobreviva a los gobiernos 

El caso peruano evidencia que el problema de la salud pública no es solo técnico, sino institucional. Sin una reforma profunda del MINSA que fortalezca su rol rector, reduzca la interferencia operativa y priorice la meritocracia, las políticas sanitarias seguirán siendo vulnerables a cada cambio de gobierno. 

En un contexto donde el gasto de bolsillo sigue creciendo y la percepción de acceso se deteriora, el desafío ya no es solo invertir más, sino gestionar mejor.  

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