Con Keiko Fujimoji y Roberto Sánchez rumbo a la segunda vuelta, el próximo presidente recibirá un sistema de salud marcado por la inestabilidad, la fragmentación y una crisis de gestión que se arrastra desde hace años.
La campaña electoral avanza y el país ya conoce a quienes disputarán la Presidencia en la segunda vuelta del próximo 7 de junio: Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, y Roberto Sánchez, de Juntos por el Perú. Según un reciente estudio de Ipsos, ambos candidatos se encuentran empatados con 38% de intención de voto, en un escenario donde el 17% votaría en blanco o viciado y el 7% aún no define su decisión.
Mientras Fujimori concentra mayor respaldo en Lima, Sánchez mantiene fuerza en zonas rurales. Sin embargo, más allá de las diferencias políticas y discursivas, ambos heredarán un sistema de salud que arrastra problemas históricos y cuya situación se ha agravado en los últimos años.
Un sistema con más presupuesto, pero sin mejores resultados
Uno de los principales debates en torno a la salud pública peruana gira alrededor del financiamiento. Aunque el presupuesto del sector ha crecido considerablemente tras la pandemia, especialistas advierten que ello no se ha traducido en mejoras sostenibles para la población.
En declaraciones recogidas por Diario Gestión, César Amaro, investigador principal de Videnza Consultores, señaló que el Perú sigue invirtiendo muy poco en salud en comparación con otros países.
“Tenemos un gasto en salud, en relación con el Producto Bruto Interno (PBI), del 6%. Eso, comparativamente con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), está lejos porque el promedio en ese grupo de países es de 13% del PBI. Además, países vecinos como Chile están en el 10%. Hay una brecha de financiación importante”, indicó.
Sin embargo, el problema no sería únicamente cuánto se invierte, sino cómo se utiliza ese dinero. Omar Neyra, doctor en Salud Pública y expresidente del Gremio de Salud de la Cámara de Comercio de Lima, advirtió también en Gestión que el presupuesto del Minsa y de EsSalud “se ha sextuplicado en los últimos 10 años”, pero gran parte se destina a gasto corriente (60% en planillas) y se pierde en corrupción (entre 10% a 15%).
A ello se suma una preocupante baja ejecución de la inversión pública. Datos del Ministerio de Economía y Finanzas muestran que, entre 2021 y 2025, quedaron sin ejecutar más de S/5,800 millones destinados a infraestructura y proyectos de salud.
Infraestructura precaria y acceso desigual
La crisis no solo se refleja en cifras presupuestales. También es visible en el funcionamiento diario de los servicios.
En enero de este año, apenas el 37,9% de establecimiento del primer nivel de atención funcionaban al menos 12 horas al día. En regiones como Loreto, Amazonas, Huancavelica y Cajamarca, la situación es aún más crítica.
Esto impacta directamente en la población, considerando que el primer nivel de atención representa la puerta de entrada al sistema sanitario.
El acceso a medicamentos tampoco está garantizado. Aunque 8 de cada 10 establecimientos reportan una disponibilidad superior al 80% de medicamentos esenciales, existen regiones donde menos de 4 de cada 10 logran cumplir este estándar.
En Loreto, Amazonas y Piura, por ejemplo, continúan registrándose problemas persistentes de abastecimiento.
La inestabilidad política también enfermó al sistema
Otro de los problemas estructurales es la alta rotación de autoridades y funcionarios técnicos.
Según información recogida por Videnza Instituto, entre 2021 y 2026 el Perú tuvo 15 ministros de Salud, además de múltiples cambios en instituciones estratégicas como el Centro Nacional de Abastecimiento de Recursos Estratégicos en Salud (CENARES) y la Central de Abastecimiento de Bienes Estratégicos (CEABE).
Para César Amaro, esta situación ha terminado normalizando la improvisación. “Hemos normalizado esa inestabilidad, esa poca capacidad, esa poca transparencia”, sostuvo en declaraciones a Gestión.
La consecuencia directa es la interrupción constante de políticas públicas, compras de medicamentos y procesos de gestión que requieren continuidad.
Neyra también alertó que esta rotación impide consolidar reformas de largo plazo. “La alta rotación de funcionarios como ministro, viceministro o directores generales no va con una política sanitaria adecuada a largo plazo”, señaló.
El riesgo del copamiento político
La crisis institucional también ha estado marcada por denuncias de presunto copamiento político dentro del sector salud.
En una columna publicada en El Comercio, Janice Seinfeld, fundadora y presidenta del directorio de Videnza, sostuvo que el próximo gobierno heredará “un sistema de salud al borde del colapso administrativo por el copamiento institucional de este último quinquenio”.
La especialista cuestionó que el Ministerio de Salud haya perdido capacidad técnica y planificación debido a intereses políticos. “El sector deja de mirar a mediano plazo y empieza a moverse, casi exclusivamente, en el terreno de la reacción”, escribió.
Seinfeld citó además un reportaje de Latina Noticias que reveló que entre 2021 y 2026 alrededor de 589 afiliados de Alianza para el Progreso trabajaron en el Minsa, generando un gasto superior a S/37 millones en planillas.
Para la especialista, este tipo de prácticas termina debilitando equipos técnicos y afectando directamente la capacidad de respuesta del sistema sanitario.
EsSalud y la crisis silenciosa
La situación de EsSalud tampoco es ajena a este panorama. En otra columna publicada en Gestión por Jaime Dupuy, director ejecutivo de Comex Perú, advirtió que el sistema enfrenta una crisis que ya afecta directamente a trabajadores y empresas.
“El sistema nacional de salud –y en particular EsSalud- enfrenta una crisis que no admite más diagnósticos, sino decisiones”, escribió.
Según detalló, entre 2019 y 2024 los asegurados habrían asumido más de S/26 mil millones en gastos de bolsillo por atenciones y medicamentos non cubiertos. Además, el tiempo promedio para acceder a una cita médica pasó de 10.4 a 26.9 días.
Dupuy cuestionó también el crecimiento de bonos e incentivos dentro de EsSalud mientras la calidad del servicio continúa deteriorándose. “No se puede premiar con bonos a un sistema que atiende menos y peor”, sostuvo.
Un desafío urgente para el próximo gobierno
La salud pública prácticamente estuvo ausente durante gran parte del debate electoral. Sin embargo, el próximo gobierno recibirá un sistema fragmentado, debilitado institucionalmente y con profundas brechas territoriales.
Más allá de quién gane esta segunda vuelta, los desafíos serán enormes: fortalecer el primer nivel de atención, garantizar acceso real a medicamentos, recuperar la rectoría técnica del Minsa, reducir la interferencia política y asegurar continuidad en las políticas públicas.
Hoy, más que nunca, se espera que las autoridades actuales y las que asuman el nuevo gobierno no solo se mantengan alertas, sino que cuenten con planes sólidos y capacidad de gestión para enfrentar una crisis sanitaria que lleva décadas acumulándose. Porque la salud pública en el Perú ya no resiste más promesas vacías ni reformas inconclusas.







