Mientras la anemia y la desnutrición crónica infantil muestran avances mínimos en el Perú, especialistas advierten que el próximo presidente deberá convertir las promesas de campaña en acciones concretas, sostenidas y medibles.
La anemia infantil sigue siendo una de las principales deudas del Estado Peruano con la niñez. Pese a los años de programas, estrategias multisectoriales y aumento de presupuesto público, las cifras más recientes muestran que el problema sigue prácticamente estancado y afecta especialmente a las regiones más vulnerables del país.
De acuerdo con la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES) 2025, la anemia en niños de 6 a 35 meses apenas pasó de 43,7% a 43,4% en el último año, una reducción de solo 0,3% puntos porcentuales. La desnutrición crónica infantil, por su parte, se mantuvo en 12,1%, sin variaciones significativas respecto a años anteriores.
Las cifras reflejan una realidad preocupante: casi uno de cada dos niños pequeños en el Perú continúa padeciendo anemia, una condición que puede afectar el desarrollo cognitivo, el aprendizaje y las capacidades futuras de millones de menores.
Un problema que persiste pese al presupuesto
Para Omar Neyra, especialista en salud pública, el estancamiento de estos indicadores responde menos a la falta de recursos y más a problemas estructurales de gestión y gobernanza estatal.
En declaraciones brindadas a Exitosa, Neyra sostuvo que “lastimosamente, con todos los recursos que maneja el Estado Peruano y en sectores clave en los que se ha venido invirtiendo y creciendo en presupuesto, hemos retrocedido, no tenemos cambios”.
El especialista atribuye esta situación a una combinación de ineficiencia administrativa y corrupción que termina afectando directamente la ejecución de políticas públicas. “El Estado tiene una mezcla de incompetencia, ineficiencia y corrupción. La respuesta a esto tiene que ver con ello”, afirmó durante la entrevista.
Según explicó, existen recursos destinados específicamente a combatir la anemia que terminan siendo utilizados de manera inadecuada. “Presupuesto hay y entonces tú ves que hay un presupuesto para la lucha contra la anemia, que se usa en otras cosas (…) y finalmente no avanzamos”, indicó.
La preocupación no solo radica en la persistencia del problema, sino también en el impacto que tendrá en el desarrollo del país en los próximos años. Neyra advirtió que la anemia infantil afecta directamente las capacidades de aprendizaje y productividad futura de la población.
“Si tienes 44% de anemia en niños, son niños que no saben multiplicar, sumar, restar, comprender y tienes una nación poco viable”, señaló en Exitosa.
Las regiones más afectadas
Los resultados de la ENDES 2025 muestran que las brechas territoriales continúan siendo profundas. Según cifras difundidas por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), Puno registra la mayor prevalencia de anemia infantil del país con 75,4%, seguido de Cusco con 56,6% y Loreto con 55,6%.
En el caso de la desnutrición crónica infantil, Loreto alcanza 20,8% y Huancavelica 20,3% evidenciando que las zonas amazónicas y altoandinas continúan siendo las más golpeadas por la pobreza, la inseguridad alimentaria y las limitaciones en acceso a servicios básicos.
La nutricionista Jessica Huamán, coordinadora de la Plataforma Seguridad Alimentaria de Perú, advirtió a Infobae Perú que los resultados actuales evidencian un problema estructural no resuelto.
“Cuando una cifra se mantiene o baja apenas unas décimas, no estamos ante un logro: estamos ante una señal de estancamiento”, sostuvo la especialista.
Huamán también remarcó que combatir la anemia requiere mucho más que campañas temporales o anuncios políticos. “La anemia y la desnutrición crónica no se resuelven con discursos”, señaló, insistiendo en la necesidad de fortalecer el primer nivel de atención, ampliar la presencia de nutricionistas en territorio y garantizar acceso a agua segura, alimentación adecuada y suplementación efectiva.
Lo que dijeron los equipos técnicos en el debate de segunda vuelta
En el debate técnico organizado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) el último domingo 24 de mayo, los representantes de Fuerza Popular y Juntos por el Perú confrontaron sus propuestas sobre salud, infraestructura, economía y reforma del Estado, incluyendo medidas vinculadas a la lucha contra la anemia infantil y el fortalecimiento del sistema sanitario.
Durante el bloque de salud, el equipo técnico de Fuerza Popular sostuvo que una de sus prioridades será “poner orden” en el sistema de salud, cuestionando el deterioro de hospitales, la situación de EsSalud y el incremento sostenido de la anemia infantil en los últimos años. Los representantes del partido señalaron que buscarán reforzar la atención preventiva materno-infantil, mejorar el abastecimiento de medicamentos y suplementos nutricionales, así como fortalecer la gestión de los establecimientos de salud.
Asimismo, el equipo de Keiko Fujimori reiteró la meta de reducir la anemia infantil al 20% hacia el 2031, enfatizando que el problema requiere una mejor ejecución del presupuesto público y una mayor articulación entre salud, educación y programas sociales.
Por su parte, el equipo técnico de Roberto Sánchez defendió una estrategia centrada en el fortalecimiento del primer nivel de atención y una mayor presencia territorial del Estado en las zonas rurales y vulnerables.
Más allá de las diferencias políticas e ideológicas, especialistas coinciden en que el verdadero reto será garantizar capacidad de gestión, continuidad de políticas públicas y control eficiente de recursos.
Para Neyra, el problema de fondo no es únicamente presupuestal, sino de liderazgo y decisión política sostenida. El especialista advirtió que “si no hay un claro liderazgo del próximo gobierno (…) vamos a seguir hablando en cinco años de este problema”.
Asimismo, consideró que la reducción de la anemia sí es posible si existe una estrategia articulada y metas concretas. “Las experiencias en microregiones en la sierra del Perú muestran que es posible manejar la anemia adecuadamente cuando hay liderazgo claro de alguna autoridad y decide que su lucha es frontal”, sostuvo.
Incluso planteó que el país podría alcanzar reducciones mucho más agresivas si se corrigen los problemas de gestión y corrupción que afectan actualmente la ejecución de recursos públicos. “Si esas dos cosas se enmarcan, en cinco años el próximo gobierno podría reducir los índices de anemia alrededor de 20%”, afirmó.
Más allá de las campañas
La persistencia de la anemia infantil evidencia una problemática que trasciende al sector salud. El acceso a agua segura, alimentación adecuada, educación nutricional, control prenatal, atención primaria y reducción de pobreza forman parte de una respuesta multisectorial que el Estado todavía no logra consolidar plenamente.
Mientras las cifras permanecen prácticamente inmóviles, la presión sobre el próximo gobierno será cada vez mayor. La anemia ya no solo representa un indicador sanitario, sino también una medida de la capacidad del país para garantizar igualdad de oportunidades desde la primera infancia.
Hoy, el país enfrenta una oportunidad decisiva: dejar de tratar la anemia y la desnutrición crónica infantil como cifras recurrentes de campaña y convertirlas en una verdadera prioridad nacional. Los especialistas coinciden en que el Perú ya cuenta con diagnósticos, presupuesto y evidencia suficiente sobre lo que funciona. Lo que falta es voluntad política sostenida, capacidad de gestión y liderazgo para ejecutar políticas públicas que trasciendan gobiernos y discursos electorales.
Reducir la anemia no debería ser únicamente una meta técnica o sanitaria, sino una decisión de país. Porque detrás de cada punto porcentual que no disminuye, hay millones de niños cuyo desarrollo, aprendizaje y futuro continúan siendo postergados.






