A pocos días de las elecciones, los candidatos presidenciales intensifican sus propuestas en salud con metas ambiciosas y plazos acelerados. Sin embargo, ¿qué tan válidas y viables son? El especialista en política y gestión en salud César Chanamé nos indica si cuentan con sustento técnico o caen en el terreno del populismo.
A tres días de las elecciones general del 12 de abril, la salud se ha convertido en uno de los principales ejes del debate electoral. En entrevistas, mítines y programas periodísticos, los candidatos presidenciales han presentado propuestas que buscan responder a problemas históricos del sistema sanitario: desabastecimiento de medicamentos, largas colas, brechas de infraestructura y falta de médicos especialistas.
Pero detrás de los anuncios, surge una pregunta clave: ¿son realmente coherentes y viables?
Para el especialista en políticas públicas y gestión en salud César Chanamé, exviceministro de Prestaciones y Aseguramiento del Ministerio de Salud, ex miembro del directorio de EsSalud, así como consultor senior en proyectos de gestión hospitalaria, la mayoría de las propuestas responden más a la urgencia electoral que a la planificación seria que debería tener un plan de gobierno.
Promesas rápidas y poco serias para problemas estructurales
Uno de los puntos más recurrentes en la campaña ha sido el abastecimiento de medicamentos y la reducción de tiempos de espera. El candidato Carlos Álvarez (País para Todos) afirmó en el programa Enfrentados de América Televisión que, mediante una central nacional de compras, “yo les prometo que en seis meses vamos a comenzar a cambiar esa brecha de medicamentos faltantes. En el segundo año de gobierno, el 95% de los hospitales y las postas médicas van a estar abastecidas de medicamentos”.
En la misma línea, Alfonso López-Chau (Ahora Nación) señaló en declaraciones para Cuarto Poder que eliminaría las colas en hospitales en una semana.
Para Chanamé, este tipo de promesas desconoce la complejidad del sistema. “No es un problema que se pueda resolver en semanas. Es un problema estructural”, advierte.
A su juicio, el desabastecimiento responde a fallas profundas en el modelo logístico del Estado, atravesado por corrupción sistémica de mafias organizadas y a una fragmentación institucional del sistema de salud.
“No es posible que en el sistema privado de salud el abastecimiento llega al 99% a pesar de tener un poder de compra de casi la décima parte de lo que compra el Estado (…) mientras que, en el sector público, a veces solo se llega a comprar el 40% del 100%. Y no por falta de dinero, sino por corrupción y pésima gestión. En pocas palabras, se abastece a 4 de cada 10 pacientes (…) Ante ello, ¿deberíamos cerrarnos a un modelo de compras públicas que sabemos que está corrompido? ¿por qué no basarnos en un modelo en el que la compra y la logística sea encargado a gestores privados con estándares mundiales?”, refiere.
Respecto a las colas, el especialista apunta a un problema menos visible pero clave: la falta de sistemas de información y gestión digitalizados. “Todo el sector privado de salud opera con sistemas de gestión clínica electrónica que administran de forma eficiente la gestión de los pacientes (…) entonces, ¿por qué los sufridos pacientes del sector público tienen que levantarse a las 4:00 a.m. para ver, cual lotería, si alcanzan una atención a las 11:00 a.m.”. Para Chanamé, seguimos operando con un modelo de los años ochenta, donde no había sistemas integrados de gestión clínica ni infraestructura tecnológica básica.
El debate sobre el financiamiento: cifras sin sustento
Otro eje central es el financiamiento. El candidato Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) declaró para Cuarto Poder que en un eventual gobierno suyo elevaría el gasto en salud hasta el 9% del PBI. Su plan también incluye redes integradas de salud y mayor inversión en personal.
Sin embargo, Chanamé cuestiona la seriedad y falta de viabilidad de esta propuesta. “¿Por qué no 25% del PBI? ¿Qué tan irresponsable puede ser un candidato para poner un número?”, ironiza. Según explica, un incremento de ese nivel implicaría destinar casi la mitad del presupuesto público nacional únicamente a salud, desplazando sectores clave como educación, transporte o vivienda.
“Si el PBI de la República es aproximadamente US$ 290, 000 millones y Sánchez dice que lo llevaría al 9% estaríamos hablando de unos US$ 26, 000 millones. Eso significa en soles destinar más de S/90,000 millones solo a salud (…) En pocas palabras, el presupuesto de salud sería el 40% de todo el presupuesto público”. Una medida así implicaría desaparecer más ministerios, incluso de los que viene proponiendo desaparecer el candidato Rafael López Aliaga de Renovación Popular, revela en diálogo con A tu Salud.
Esta propuesta “no solo no es sostenible, no es posible.”, afirma.
En contraste, el especialista, con más de 25 años de experiencia en políticas públicas en salud, destaca que actualmente el financiamiento del sistema ya tiene un fuerte componente privado. “Hoy, lo que no pone el Estado lo ponen los bolsillos de los ciudadanos. El día de hoy los aportes de los trabajadores del seguro social, que son aportes de naturaleza privada, suman S/18, 000 millones y el gasto de bolsillo de millones de peruanos representan otros S/16, 000 millones. Es decir, hoy, los privados, o mejor dicho, los ciudadanos de a pie, estamos poniendo S/34, 000 millones. Por tanto, ¿por qué no damos una voz a ellos para un modelo de salud público-privado?”, enfatiza.
Además, agrega: “empoderemos a los ciudadanos, a que financien el gasto privado en salud: con capacidad de poder elegir dónde atenderse, y de poder auditar el gasto en salud que sale de sus impuestos”.
Medicamentos: el problema es del modelo de compra
El abastecimiento de medicamentos es uno de los temas más sensibles. Además de Álvarez, el candidato Jorge Nieto (Partido del Buen Gobierno) propuso en Cuarto Poder un modelo de distribución más directa para evitar colas y desabastecimiento.
Para Chanamé, más allá de la distribución, el problema radica en el modelo de compras. “Antes de hablar de distribución, hay que reformar cómo se compra y quién compra”, señala.
Según plantea, el volumen de compra del Estado — que podría superar los US$ 2,500 millones— permitiría implementar un modelo de compras centralizado con participación de empresas globales expertas en logística internacional. “Uno solo gestor logístico de nivel mundial, con control público, podría encargarse de todas las compras de medicamentos para todo el país, ganar enormes eficiencias por economías de escala y costos de transacción, y con eso romper con todos los cientos de mafias organizadas que operan en el aparato público”, afirma.
Para el especialista, insistir en soluciones parciales sin abordar el problema estructural, sería continuar alimentando un sistema corrompido. “El MINSA tiene un CENARES con 200 personas, 200 sueldos y en EsSalud, otro tanto similar, ganando sueldos todos los meses, pero sin comprar a tiempo, sin control alguno, donde no compran ni el 50% de lo que deberían comprar (…)”, anota.
Salud digitial: entre la necesidad y el populismo
En el campo de la innovación, propuestas como la telemedicina universal de Keiko Fujimori (Fuerza Popular) o la historia clínica digital impulsada por Jorge Nieto, han ganado protagonismo.
Chanamé reconoce que ambas iniciativas son necesarias, pero advierte sobre los tiempos de implementación. “Son propuestas de valor, pero monumentales. No se pueden ejecutar de inmediato”, explica.
Para ilustrarlo, compara el proceso con la implementación del DNI electrónico: “requiere una institucionalidad sólida y al menos cuatro o cinco años de trabajo sostenido con todo el apoyo institucional incluso de organismos internacionales”.
Además, agrega que un elemento clave del compromiso con la ciudadanía debería ir acompañado de metas alcanzadas. “Debería ser la promesa de los candidatos: año 1, hito 1. Año dos, hito 2 (…) Ese es el modelo progresivo que debería exigirse mínimamente en un plan de gobierno que intente ser serio”, refiere.
En cuanto a telemedicina, subraya que el principal obstáculo es la infraestructura de comunicaciones y la infraestructura tecnológica. “(La telemedicina) es de imperativa necesidad para resolver el tema de salud fuera de Lima”. Sin embargo, también indica que “el populismo está en decirle a la gente va a haber en todo el país. Eso es mentira. Primero tendría que hacerse una gran inversión en infraestructura tecnológica e internet satelital. ¿Hay que apoyar este tipo de políticas? Por supuesto, pero no debemos caer en el populismo y, en el mismo modelo que la historia clínica digital, diseñar un plan de por lo menos cinco años, con cronogramas de avances”.
Infraestructura y modelos de gestión en disputa
En cuanto a infraestructura, las propuestas también divergen. Keiko Fujimori ha planteado el uso de Asociaciones Público-Privadas (APP) para construcción de hospitales, mientras que Rafael López Aliaga anunció la creación de 500 “hospitales solidarios” a nivel nacional.
Su candidata a la vicepresidencia, Norma Yarrow, explicó a Cuarto Poder que estos funcionarían mediante convenios con el sector privado para reducir costos y ampliar servicios.
Sin embargo, más allá del anuncio, queda pendiente una explicación técnica sobre su implementación. La magnitud de la propuesta —500 hospitales— plantea interrogantes sobre financiamiento, ejecución y sostenibilidad.
Un escenario fragmentado y con nuevas sorpresas
El panorama electoral también se ha movido en los últimos días. El repunte de Ricardo Belmont (Partido Obras) en las encuestas introduce nuevas propuestas, centradas en cobertura universal, rehabilitación de centros de salud y reducción de anemia, con objetivos hacia 2031.
No obstante, como ocurre con otros candidatos, el desafío será demostrar la viabilidad de estas metas en términos de financiamiento y ejecución.
Un compromiso con todo el país
Más allá de las diferencias entre candidatos, existe consenso en torno a los principales problemas del sistema: la debilidad del primer nivel de atención, la falta de medicamentos, las brechas territoriales y la fragmentación institucional.
El desafío, según Chanamé, es pasar de promesas a políticas de Estado sostenidas en el tiempo y con financiamiento medible. Para ello, resulta clave abandonar el enfoque cortoplacista y apostar por reformas progresivas que puedan consolidarse más allá de un solo gobierno.
En ese sentido, el verdadero debate no debería centrarse en quién promete más, sino en quién plantea soluciones viables, sostenibles y técnicamente financiables.
Este 12 de abril, peruanos y peruanas tenemos la oportunidad — y la responsabilidad — de elegir con conciencia a quien liderará el país y deberá encarar los grandes desafíos del sistema de salud, una deuda histórica que exige atención prioritaria y que no podemos seguir postergando.









