El seguro social atraviesa una crisis marcada por desabastecimiento, cambios constantes en la dirección y cuestionamientos políticos. Especialistas coinciden en que el problema no es solo de recursos, sino de gobernanza.
Para millones de asegurados, atenderse en EsSalud sigue siendo una carrera de obstáculos. Conseguir una cita puede tomar meses, una cirugía puede postergarse por años y no siempre hay medicamentos disponibles después de una consulta. La sensación de abandono no es nueva, pero en los últimos años se ha hecho más evidente.
El debate sobre el seguro social ha vuelto al centro de la discusión pública tras el reciente cambio en la presidencia ejecutiva, que generó críticas por presuntos vínculos políticos y por la percepción de que la institución continúa siendo parte de la repartición de cuotas de poder dentro del Estado.
En un sistema que atiende a más de 12 millones de asegurados, la estabilidad en la gestión no debería ser un detalle menor.
Distintos especialistas coinciden en que la crisis actual no se explica únicamente por falta de presupuesto, sino por problemas estructurales en la forma en que se gobierna la institución.
El problema de fondo: la gobernanza
El especialista en salud pública César Chanamé ha señalado que la raíz del problema está en la captura política de la institución. “El problema de EsSalud es de captura política, esa forma de corrupción sistémica donde intereses de grupos influyen significativamente en los procesos de toma de decisiones para su propio beneficio”, escribió en una reciente columna de opinión publicada en Perú21.
Según Chanamé, el seguro social ha sido administrado durante años con criterios políticos antes que técnicos, lo que ha debilitado su capacidad de gestión y ha afectado directamente la calidad del servicio. “EsSalud ha sido capturado descaradamente como si fuese botín de guerra”, afirmó en el mismo medio.
Este diagnóstico se repite en distintos sectores. La Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep) ha advertido que la crisis del seguro social responde principalmente a fallas de gestión y no a falta de recursos, y que el país necesita una conducción eficiente y transparente para garantizar la atención oportuna.
Cambios constantes, decisiones inestables
La inestabilidad en la dirección de EsSalud se ha convertido en un problema recurrente. Cada cambio de gobierno o de correlación política suele traer nuevas designaciones, lo que impide sostener planes de largo plazo y afecta la continuidad de las decisiones.
En los últimos cinco años, el seguro social ha tenido 10 presidentes ejecutivos y 14 gerentes generales, una rotación que refleja la fragilidad institucional y la dificultad para mantener una gestión técnica sostenida en el tiempo.
Esta falta de continuidad termina afectando directamente la planificación, las compras, el mantenimiento de equipos y la ejecución de proyectos clave para la atención de los pacientes.
El reciente nombramiento del nuevo presidente ejecutivo volvió a generar cuestionamientos luego de conocerse sus antecedentes políticos y su cercanía con el partido Alianza para el Progreso. Para distintos analistas, este tipo de designaciones refuerza la percepción de que la institución sigue siendo utilizada como espacio de negociación política.
Un modelo que necesita reformas y no solo más dinero
A pesar de que EsSalud cuenta con un presupuesto anual que supera los S/17, 000 millones de soles, financiado principalmente por los aportes de trabajadores y empleadores, los problemas persisten. Esto ha llevado a que el debate se centre cada vez más en la forma en que se toman las decisiones.
En entrevista con Perú21, el director ejecutivo de ComexPerú, Jaime Dupuy, cuestionó que el Estado tenga el control de la institución sin que quienes la financian tengan el mismo peso en la gestión. “No tiene lógica que sea el Estado, que es un tercero aparte, el que tome las riendas de la institución con las falencias que vemos que existen, declaró al diario.
Entre las propuestas planteadas está reformar la gobernanza, establecer concursos públicos para los cargos directivos y separar las funciones de administración y prestación de servicios, de modo que exista mayor control sobre la calidad de la atención.
El decano del Colegio Médico del Perú, Pedro Riega, también ha advertido sobre el impacto de la politización en la gestión. “Ahora las designaciones de los altos cargos están sumamente politizadas. Esto genera más problemas: ineficiencia en la gestión y corrupción”, señaló en declaraciones recogidas por Perú21.
Para el gremio médico, la presidencia ejecutiva debería ser un cargo técnico y concursable, con requisitos claros de experiencia en gestión y evaluaciones de desempeño.
Pacientes en medio de la crisis
Mientras el debate se mantiene en el plano político, los asegurados siguen enfrentando las consecuencias. La falta de medicamentos, las citas demoradas y la saturación de los hospitales son parte de la vida diaria para miles de familias.
Casos recientes de cuestionamientos en contrataciones y denuncias sobre irregularidades en servicios hospitalarios han reforzado la percepción de que el sistema no está funcionando como debería. Cuando la gestión falla, el impacto no se mide en cifras, sino en pacientes que no reciben atención a tiempo.
Por eso, cada cambio en la dirección de EsSalud genera preocupación, porque pone en duda la continuidad de las decisiones y la posibilidad de implementar reformas sostenidas.
El diagnóstico sobre EsSalud está hecho desde hace años. Lo que falta no es información, sino decisiones. Y mientras esas decisiones sigan postergándose, los asegurados continuarán esperando una atención que, aunque la pagan todos los meses, muchas veces no llega cuando más la necesitan.










