Temporada de lluvias y huaicos se intensifica: el impacto silencioso en la salud pública 

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Infraestructura en riesgo, más de un millón de personas expuestas y brotes que podrían avanzar con el agua marcan un escenario climático que enciende alertas. 

Las lluvias intensas que golpean la costa y la sierra del país no solo dejan calles anegadas y carreteras bloqueadas. También activa un conjunto de riesgo menos visibles, pero igual de graves: interrupción de servicios de salud, aumento de enfermedades transmitidas por el agua e incluso afectaciones a la salud mental de miles de familias. 

El Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi) emitió recientemente una alerta roja por precipitaciones de moderada a extrema intensidad en Lima y otras nueve regiones costeras: Áncash, Arequipa, Cajamarca, Callao, Ica, La Libertad, Lambayeque, Piura y Tumbes. En la costa norte, los acumulados podrían llegas hasta 85 milímetros por día, acompañados de descargas eléctricas y ráfagas de viento cercanas a los 25 km/h. 

En Piura y Tumbes, las lluvias continuarán al menos hasta el 24 de febrero. En solo 24 horas, se registraron picos de 66.6 mm en Morropón y 63.4 mm en San Pedro. Tambogrande alcanzó 37.2 mm y la ciudad de Piura 13.4 mm. En la sierra piurana, Ayabaca reportó 26.6 mm y Canchaque 16 mm.  Además, los niveles de agua precipitable en la atmósfera superan los 50 mm y alcanzan hasta 62 mm, lo que incrementa la probabilidad de lluvias persistentes. 

De acuerdo con información de Andina, el jefe zonal del Senamhi en Piura, Jorge Carranza, advirtió que los suelos ya están saturados tras las lluvias de enero y febrero, reduciendo su capacidad de absorción y elevando el riesgo de activación de quebradas y deslizamientos.  

Más de un millón en zonas críticas 

El riesgo no es aislado.  El instituto Geológico, Minero y Metalúrgico (Ingemmet) identificó 185 zonas críticas en nueve departamentos ante la posible activación de huaicos y deslizamientos. En estos puntos viven 1 153, 202 personas y existen 286, 818 viviendas expuestas, además de infraestructura vial y servicios esenciales. 

Lima concentra 64 de estas zonas vulnerables, seguida de Lambayeque con 33 y Piura con 25. La combinación de pendientes inestables y expansión urbana en áreas de riesgo incrementa la exposición de la población. 

El panorama se amplía con las estimaciones del Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred): 26, 634 centros poblados presentan riesgo muy alto frente a movimientos en masa, involucrando a 1 547, 284 personas, 749,473 vivienda y 1, 326 establecimientos de salud. Otros 27, 537 centros poblados están en riesgo alto, con más de 2.2 millones de habitantes y 2, 235 establecimientos de salud expuestos. 

Cuando un centro de salud queda aislado o dañado, no solo se interrumpe la atención de emergencias; también se afectan controles prenatales, vacunaciones y el seguimiento de enfermedades crónicas. 

Emergencias y víctimas 

El impacto ya se refleja en cifras oficiales. El jefe del Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci), Luis Arroyo, informó para América Televisión que “de diciembre a la fecha 59 (fallecidos), de enero a la fecha de este año 39 más un desaparecido. 15 por tormentas eléctricas y la diferencia por movimientos en masa, o sea, huaicos, deslizamientos”. 

En lo que va del año se han reportado más de 1, 400 emergencias asociadas a lluvias intensas. Diez distritos presentaron daños significativos, con viviendas destruidas y vías erosionadas. Además, ríos como el Marañón y el Ucayali alcanzaron el umbral rojo, mientras que en Lima los ríos Rímac, Chillón y Lurín se mantienen bajo vigilancia. 

Brotes y riesgos sanitarios 

Las inundaciones arrastran sedimentos, residuos y microorganismos. En diálogo con RPP, el doctor Elmer Huerta, advirtió que en temporada de lluvias aumentan enfermedades transmitidas por agua contaminada, como diarreas, fiebre tifoidea y leptospirosis. También se incrementan casos de dengue, chikungunya y zika, debido a la proliferación de mosquitos en aguas estancadas. 

Las personas que caminan por zonas inundadas pueden sufrir infecciones cutáneas graves si tienen heridas abiertas. A ello se suman lesiones traumáticas por objetivos arrastrados por corrientes. El especialista también alertó sobre el impacto emocional: ansiedad, depresión y estrés postraumático son frecuentes en familias que pierden viviendas y bienes. 

Niños pequeños, adultos mayores, personas con diabetes, hipertensión o cirugías recientes forman parte de los grupos más vulnerables. 

Niño costero y respuesta sanitaria 

El escenario podría intensificarse. La Comisión Multisectorial del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño activó la alerta ante un posible Niño costero desde marzo, que podría extenderse hasta noviembre. Se prevén precipitaciones entre normales y superiores a lo habitual en la costa norte, además de temperaturas por encima del promedio. 

Frente a este contexto, el Ministerio de Salud (MINSA) activó sus protocolos de respuesta. El Centro de Operaciones de Emergencia del Sector Salud monitorea 20 regiones y mantiene desplegados 4, 280 brigadistas, junto con equipamiento, insumos y hospitales móviles para garantizar la continuidad de servicios. 

La directora de la Dirección General de Gestión del Riesgo de Desastres y Defensa Nacional en Salud (Digerd), Fanny Ortiz Deza, declaró al diario El Peruano que “la preparación familiar es tan importante como la preparación institucional. Una mochila de emergencias bien equipada puede marcar la diferencia en las primeras horas de una emergencia. El sector salud está listo para responder, pero cada familia debe asumir también su rol en la gestión del riesgo. Los invitamos a prepararse con responsabilidad y a mantenerse informados a través de canales oficiales”. 

La temporada de lluvias pone a prueba no solo la infraestructura, sino la resiliencia del sistema sanitario. Reducir el impacto silencioso en la salud pública exige prevención, planificación urbana responsable y vigilancia epidemiológica constante. Porque cuando el agua retrocede, los efectos sanitarios pueden persistir mucho más allá de la emergencia visible. 

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